Radiografía de una pesadilla sin fin
YOLANDA MONGE,
Washington
Mantener abierto el centro de detención de
Guantánamo cuesta cada año 114 millones de dólares, lo que equivale a cerca de
690.000 dólares por preso, según datos oficiales del Pentágono. Eso representa
unas 20 veces más de lo que la Oficina de Prisiones de Estados Unidos gasta por
preso en sus cárceles de máxima seguridad.
En la actualidad, en Guantánamo (Gitmo, en la
jerga militar estadounidense) hay presos 166 hombres. El más joven tiene 26 o
27 años y es de Yemen. El más viejo, 65, originario de Pakistán. El pico más
alto de población se dio en noviembre de 2003, cuando llegó a haber una cifra
cercana a los 660 prisioneros. Un total de 46 detenidos están bajo la
clasificación de detención indefinida y no se les ha presentado cargos o han
sido llevados ante un juez.
Seis reos se enfrentan a Comisiones Militares en
la actualidad, entre ellos el supuesto cerebro de los atentados del 11-S, Jalid
Seij Mohamed. Treinta y seis de los detenidos han sido designados para
enfrentar juicio y tres de ellos ya se han declarado culpables. Más de la mitad
de la población reclusa tiene luz verde para su transferencia a su país o a un
tercero.
Nueve presos han muerto en los distintos campos
que hay en Guantánamo. La mayoría de ellos fueron encontrados ahorcados y uno
falleció por un cáncer de colon.
El Comité Internacional de la Cruz Roja ha
realizado 92 visitas –sin contar esta última- a Guantánamo desde que se abrió
el centro de detención en enero de 2002.
Entre los datos oficiales, la Armada informa que
el número de calorías diarias que se ofrece a cada detenido en los menús es de
4.500.
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