Les compartimos nuestro trabajo:
La vida en gris
De acuerdo con las estadísticas
publicadas en el último Informe sobre Desarrollo Humano del Programa de
Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en el año 2010 la tasa de migración
neta (por cada mil personas) para Panamá fue de 0,7; Costa Rica 3,4; Belice
-0,7; El Salvador -9,5; Honduras -2,8; Nicaragua -7,1 y Guatemala -3,0 (PNUD,
2013). Estos datos muestran, entre otras cosas, la magnitud de los flujos
migratorios en Centroamérica. A tal punto que la balanza comercial de muchos de
los países de la región (El Salvador, Honduras, Nicaragua) depende de manera
significativa de las remesas que
perciben los familiares de los cientos de miles de personas que radican en el
exterior en estatus de migrantes (en su mayoría como ilegales). Esta situación
no es exclusiva del istmo centroamericano, sino que es un patrón que se repite
en otros países de América Latina y el mundo.
Las repercusiones de este fenómeno no
se limitan al ámbito socio-económico y político. La construcción de las
identidades y la nacionalidad responde a nuevas formas y regímenes de
convivencia social y cultural y a una multiplicidad de factores que persisten
desde épocas del colonialismo. Así se tiene la formación de discursos ligados a
los intereses corporativos y la permanencia de un lenguaje que de manera
solapada algunas veces y otras abiertamente resalta las otredades y perpetua el
statu quo.
La
vida en gris retrata
la historia de dos hermanos que, ante las difíciles condiciones de su país, uno
de ellos se ve en la necesidad de migrar. Dejando su tierra y a su familia emprende
una travesía que en el mejor de los casos le generará las “condiciones” para
sobrevivir, en un mundo en el cual el 20% de la población vive con el 80% de
los recursos y el restante 80% sobrevive con menos del 20%.
No hay comentarios:
Publicar un comentario