La globalización tiene que ser comprendida dentro de una de las mayores crisis de valores la humanidad, donde una pequeña elite de tiranos trata incesablemente de expandir su poder a través de las redes económicas. Hoy no existe un milímetro cuadrado en el planeta que no esté permeado por la influencia de la economía global. Latinoamérica no es la excepción, pues la hegemónica economía del norte aplasta con creses las raquíticas economías de nuestros países, a través de intervencionismo, guerra sucia y una estrategia de globalización económica que da vergüenza. Al respecto, es sabido para todos que desde la implantación del consenso de Washington y la exportación de las niños y niñas de chicago, Latinoamérica comenzó a subastar sus empresas públicas, despidiendo los trabajadores, concesionó por medio de contratos de riesgo compartido sus recursos naturales y rompió las protecciones arancelarias dejando las incipiente pimes a merced de las transnacionales. Fue un verdadero desastre, se privatizó la salud, la educación, el 80% de la justicia empezó a trabajar a la orden de la banca privada (ejecutando las deudas de los morosos que compraron por toneladas las basuras que traían de otras partes )… y así la lista puede seguir infinitamente. La globalización en Latinoamérica comprendió la implantación de estereotipos y paradigmas de vida viciados que sepultaron los modestos, humildes pero felices modos de vida de nuestros ancestros. Hoy Latinoamérica necesita revertir este proceso apropiándose de su identidad, enalteciendo sus culturas indígenas, salvaguardando y subvencionando sus recursos naturales, apoyando técnica y económicamente nuestras empresas públicas o privadas. Hoy más que nunca los países latinoamericanos necesitan imponer la educación superior de calidad, así sea sólo para que todos y cada uno de los ciudadanos comprendan este desastre y no se repita, se repita y se repita… no obstante esta no es la solución. La crisis del ser humano nace en su incapacidad de querer entender que la plenitud y felicidad se encuentra en sí mismo.
Aunado a lo que comenta Fidel, quisiera agregar la siguiente pregunta:
Podemos explicarnos la Globalización desde América Latina?
Tratando de responder a lo enterior considero que se puede analizar como un proceso histórico, que concuerdo con Bryan va llegando a su final y siempre estuvo en función de la dominación.
Este proceso, tiene profundas raíces en la expansión y dominación colonial principalmente portugeza, española, holandeza, Francesa y Británica en América Latina y a la implantación del capitalismo a la inglesa.
Entonces la globalización adquiere una complejidad e intensificación (en lo conceptual y en lo objetivo) hacia mediados del siglo XX, con la influencia política y económica de Estados Unidos en América Latina, aunada a los procesos de tecnificación de la producción y el intercambio de bienes y servicios en estos y otros países centro, se re-configuran y homologan a escala Regional, ahora en la segunda mitad del siglo XX, las esferas de lo económico, lo político,lo ambiental y lo cultural(haciendo énfasis en la triada comunicación-migración-educación), transformando a las sociedades ubicadas en países periféricos e incrementando la desigualdad y la destrucción del medio ambiente, promoviendo lo que Franz Hinkelammert llama un desarrollo que lleva hacia la muerte, vista desde el crecimiento económico y no hacia la vida, un cambio que toca a nuestra generación y que obliga a fijar la mirada hacia la sostenibilidad de las relaciones humanas y la naturaleza.
La palabra globalización es una palabra de uso desmesurado que ni siquiera aparece en el diccionario de la Real Academia Española, existen tan solo aproximaciones, sin embargo todo el mundo conoce esta palabra germinada del inglés, “globe” que se refiere al planeta, y que interpretamos como interdependencia y la intercomunicación entre distintos países con el fin de unificar mercados, sociedades, cultura, etc., de una forma muy incauta o romántica si queremos ser más decorosos. Etimológicamente unificar significa hacer uno, desde el punto de vista anglosajón, por supuesto con un pensamiento muy diferente al latinoamericano; concreto, práctico y sin rodeos, “globalization” significaría la expansión de los Estados Unidos. Quizás en el imaginario colectivo globalización sería el intento de hacer un mundo mejor, sin divisiones, en donde las cosas sean iguales o signifiquen lo mismo para todos. Un mundo, sin fronteras, en donde el ser humano se pueda realizar plenamente desde distintas áreas. Pero la practica ha sido otra, intercambios entre países con descomunales desventajas, que lo que han logrado es acrecentar la pobreza, el deterioro del medio ambiente, etc., exacerbando los sentimientos y ocasionando serias alteraciones en el campo social, económico, cultural y político de los pueblos desprovistos de políticas que les favorezcan para competir. A 30 años de la crisis de deuda externa en América Latina, y viendo como se incrementa la brecha entre ricos y pobres, debemos recapitular, aprender de los desaciertos del pasado, no es posible que América Latina continúe tropezando con la misma piedra; no se puede seguir con pensamientos troquelados, ni siendo pasivos socialmente, debemos acuñar nuestras propios ideales como latinoamericanos e implementarlas desde nuestros propios campos de acción. Latinoamérica tiene los recursos y la capacidad, pero debemos despojarnos del servilismo, el conformismo, la dependencia y por supuesto deshacernos de políticos corruptos.
La globalización es un fenómeno que afecta de manera determinante cualquier espacio, desde la macroeconomía hasta la interacción de las personas en la cotidianidad. Si bien pensar, en una integración global puede remitir a ideas bastantes positivas de cómo vivir de manera armoniosa, sin embargo, dichas ideas de integración en la práctica, mucho se alejan de una convivencia humana y con la naturaleza armoniosa, reinando la competividad, es decir, no existe una sociedad como tal, lo que prevalece es un grupo de individuos compitiendo entre sí.
La globalización, por tanto, no es más que la exportación global de un determinado modelo económico, en donde la toma de decisiones residen y pertenecen a un grupo de actores (las grandes empresas multinacionales), los cuales son los "elegidos" para indicar y coordinar la forma en que se deben hacer las cosas, guiados por la acumulación de capital, en donde todo se convierte en mera mercancía.
Evidentemente America Latina no escapa de este terrible escenario, precisamente porque su carácter global y sus intereses están en afectar y exprimir de manera incisiva hasta el último centímetro cuadrado de tierra para el beneficio de unos pocos, entonces, solo me puedo preguntar ¿Qué elección tenemos? puedo ser muy positiva y decir que una respuesta aceptable es dar lucha y ofrecer resistencia, pensar en estrategias y políticas para revertir la situación, poner un alto a las grandes organizaciones y direccionar su labor (FMI, BM, OMC)al servicio del pueblo y no de las grandes empresas, tengo esperanza y quiero pensar que efectivamente este proceso histórico está en fase terminal y le queda poco tiempo, por lo que, tenemos que estar preparados y asumir el desafío de proponer una alternativa sostenible.
Las grandes compañías multinacionales son actores del Sistema Internacional con mucho más poder que los Estados en la mayoría de las ocasiones. La política gira por ende en torno a las agendas e intereses particulares de dichos imperios, mismos que dictan las reglas del juego y establecen como "tiene que ser el proceso de globalización". La repartición del mundo se lleva a cabo organizando regímenes específicos sobre los recursos o mercados estratégicos de los cuales son estrictamente dependientes. Estos regímenes, según Krasner: "Son conjuntos de principios explícitos o implícitos, normas, reglas y procedimientos decisionales en torno a los cuales convergen las expectativas de los actores en una determinada área de las Relaciones Internacionales” (Krasner, 1983, p 2). De esta manera, se puede tomar como ejemplo de regímenes internacionales creados, según la necesidad y específicamente en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, los regímenes monetarios y comerciales, el régimen de no proliferación de armas nucleares, regímenes petroleros internacionales, entre otros. Keohane, por su parte sostiene que: “Los regímenes consisten en mandatos en distintos niveles de generalidad, oscilando entre los principios, las normas, reglas y procesos de toma de decisión altamente específicos…desde un punto de vista teórico, los regímenes pueden ser considerados factores intermedios, o entre las características fundamentales de la política mundial, tales como la distribución del poder, por una parte y la conducta de los actores estatales y no-estatales, como las corporaciones multinacionales, por la otra” (Keohane, 1988, p 88-89). El contexto de globalización se convierte de esta manera en el modelo ideal y justificador del apoderamiento del planeta tierra y de todo lo que en él existe, es junto con el discurso paranoico de la seguridad, como lo dice Hinkelammmert: una estrategia de asalto al poder mundial, que parece llevar un camino certero según los planes de dichos grupos de poder económico. América Latina no es la excepción a este proceso y es por ello que se comienza a ver cómo las estructuras "democráticas" se vuelven rígidas, intolerantes, represivas y girando en torno al resguardo del sistema económico imperante, dejando de lado y pisoteando DDHH básicos y muchas veces establecidos en la constitución políticas de los países.
La globalización tiene que ser comprendida dentro de una de las mayores crisis de valores la humanidad, donde una pequeña elite de tiranos trata incesablemente de expandir su poder a través de las redes económicas. Hoy no existe un milímetro cuadrado en el planeta que no esté permeado por la influencia de la economía global. Latinoamérica no es la excepción, pues la hegemónica economía del norte aplasta con creses las raquíticas economías de nuestros países, a través de intervencionismo, guerra sucia y una estrategia de globalización económica que da vergüenza.
ResponderEliminarAl respecto, es sabido para todos que desde la implantación del consenso de Washington y la exportación de las niños y niñas de chicago, Latinoamérica comenzó a subastar sus empresas públicas, despidiendo los trabajadores, concesionó por medio de contratos de riesgo compartido sus recursos naturales y rompió las protecciones arancelarias dejando las incipiente pimes a merced de las transnacionales. Fue un verdadero desastre, se privatizó la salud, la educación, el 80% de la justicia empezó a trabajar a la orden de la banca privada (ejecutando las deudas de los morosos que compraron por toneladas las basuras que traían de otras partes )… y así la lista puede seguir infinitamente. La globalización en Latinoamérica comprendió la implantación de estereotipos y paradigmas de vida viciados que sepultaron los modestos, humildes pero felices modos de vida de nuestros ancestros.
Hoy Latinoamérica necesita revertir este proceso apropiándose de su identidad, enalteciendo sus culturas indígenas, salvaguardando y subvencionando sus recursos naturales, apoyando técnica y económicamente nuestras empresas públicas o privadas. Hoy más que nunca los países latinoamericanos necesitan imponer la educación superior de calidad, así sea sólo para que todos y cada uno de los ciudadanos comprendan este desastre y no se repita, se repita y se repita… no obstante esta no es la solución. La crisis del ser humano nace en su incapacidad de querer entender que la plenitud y felicidad se encuentra en sí mismo.
Aunado a lo que comenta Fidel, quisiera agregar la siguiente pregunta:
ResponderEliminarPodemos explicarnos la Globalización desde América Latina?
Tratando de responder a lo enterior considero que se puede analizar como un proceso histórico, que concuerdo con Bryan va llegando a su final y siempre estuvo en función de la dominación.
Este proceso, tiene profundas raíces en la expansión y dominación colonial principalmente portugeza, española, holandeza, Francesa y Británica en América Latina y a la implantación del capitalismo a la inglesa.
Entonces la globalización adquiere una complejidad e intensificación (en lo conceptual y en lo objetivo) hacia mediados del siglo XX, con la influencia política y económica de Estados Unidos en América Latina, aunada a los procesos de tecnificación de la producción y el intercambio de bienes y servicios en estos y otros países centro, se re-configuran y homologan a escala Regional, ahora en la segunda mitad del siglo XX, las esferas de lo económico, lo político,lo ambiental y lo cultural(haciendo énfasis en la triada comunicación-migración-educación), transformando a las sociedades ubicadas en países periféricos e incrementando la desigualdad y la destrucción del medio ambiente, promoviendo lo que Franz Hinkelammert llama un desarrollo que lleva hacia la muerte, vista desde el crecimiento económico y no hacia la vida, un cambio que toca a nuestra generación y que obliga a fijar la mirada hacia la sostenibilidad de las relaciones humanas y la naturaleza.
La palabra globalización es una palabra de uso desmesurado que ni siquiera aparece en el diccionario de la Real Academia Española, existen tan solo aproximaciones, sin embargo todo el mundo conoce esta palabra germinada del inglés, “globe” que se refiere al planeta, y que interpretamos como interdependencia y la intercomunicación entre distintos países con el fin de unificar mercados, sociedades, cultura, etc., de una forma muy incauta o romántica si queremos ser más decorosos. Etimológicamente unificar significa hacer uno, desde el punto de vista anglosajón, por supuesto con un pensamiento muy diferente al latinoamericano; concreto, práctico y sin rodeos, “globalization” significaría la expansión de los Estados Unidos.
ResponderEliminarQuizás en el imaginario colectivo globalización sería el intento de hacer un mundo mejor, sin divisiones, en donde las cosas sean iguales o signifiquen lo mismo para todos. Un mundo, sin fronteras, en donde el ser humano se pueda realizar plenamente desde distintas áreas. Pero la practica ha sido otra, intercambios entre países con descomunales desventajas, que lo que han logrado es acrecentar la pobreza, el deterioro del medio ambiente, etc., exacerbando los sentimientos y ocasionando serias alteraciones en el campo social, económico, cultural y político de los pueblos desprovistos de políticas que les favorezcan para competir.
A 30 años de la crisis de deuda externa en América Latina, y viendo como se incrementa la brecha entre ricos y pobres, debemos recapitular, aprender de los desaciertos del pasado, no es posible que América Latina continúe tropezando con la misma piedra; no se puede seguir con pensamientos troquelados, ni siendo pasivos socialmente, debemos acuñar nuestras propios ideales como latinoamericanos e implementarlas desde nuestros propios campos de acción. Latinoamérica tiene los recursos y la capacidad, pero debemos despojarnos del servilismo, el conformismo, la dependencia y por supuesto deshacernos de políticos corruptos.
La globalización es un fenómeno que afecta de manera determinante cualquier espacio, desde la macroeconomía hasta la interacción de las personas en la cotidianidad. Si bien pensar, en una integración global puede remitir a ideas bastantes positivas de cómo vivir de manera armoniosa, sin embargo, dichas ideas de integración en la práctica, mucho se alejan de una convivencia humana y con la naturaleza armoniosa, reinando la competividad, es decir, no existe una sociedad como tal, lo que prevalece es un grupo de individuos compitiendo entre sí.
ResponderEliminarLa globalización, por tanto, no es más que la exportación global de un determinado modelo económico, en donde la toma de decisiones residen y pertenecen a un grupo de actores (las grandes empresas multinacionales), los cuales son los "elegidos" para indicar y coordinar la forma en que se deben hacer las cosas, guiados por la acumulación de capital, en donde todo se convierte en mera mercancía.
Evidentemente America Latina no escapa de este terrible escenario, precisamente porque su carácter global y sus intereses están en afectar y exprimir de manera incisiva hasta el último centímetro cuadrado de tierra para el beneficio de unos pocos, entonces, solo me puedo preguntar ¿Qué elección tenemos? puedo ser muy positiva y decir que una respuesta aceptable es dar lucha y ofrecer resistencia, pensar en estrategias y políticas para revertir la situación, poner un alto a las grandes organizaciones y direccionar su labor (FMI, BM, OMC)al servicio del pueblo y no de las grandes empresas, tengo esperanza y quiero pensar que efectivamente este proceso histórico está en fase terminal y le queda poco tiempo, por lo que, tenemos que estar preparados y asumir el desafío de proponer una alternativa sostenible.
Las grandes compañías multinacionales son actores del Sistema Internacional con mucho más poder que los Estados en la mayoría de las ocasiones. La política gira por ende en torno a las agendas e intereses particulares de dichos imperios, mismos que dictan las reglas del juego y establecen como "tiene que ser el proceso de globalización". La repartición del mundo se lleva a cabo organizando regímenes específicos sobre los recursos o mercados estratégicos de los cuales son estrictamente dependientes. Estos regímenes, según Krasner: "Son conjuntos de principios explícitos o implícitos, normas, reglas y procedimientos decisionales en torno a los cuales convergen las expectativas de los actores en una determinada área de las Relaciones Internacionales” (Krasner, 1983, p 2). De esta manera, se puede tomar como ejemplo de regímenes internacionales creados, según la necesidad y específicamente en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, los regímenes monetarios y comerciales, el régimen de no proliferación de armas nucleares, regímenes petroleros internacionales, entre otros. Keohane, por su parte sostiene que: “Los regímenes consisten en mandatos en distintos niveles de generalidad, oscilando entre los principios, las normas, reglas y procesos de toma de decisión altamente específicos…desde un punto de vista teórico, los regímenes pueden ser considerados factores intermedios, o entre las características fundamentales de la política mundial, tales como la distribución del poder, por una parte y la conducta de los actores estatales y no-estatales, como las corporaciones multinacionales, por la otra” (Keohane, 1988, p 88-89). El contexto de globalización se convierte de esta manera en el modelo ideal y justificador del apoderamiento del planeta tierra y de todo lo que en él existe, es junto con el discurso paranoico de la seguridad, como lo dice Hinkelammmert: una estrategia de asalto al poder mundial, que parece llevar un camino certero según los planes de dichos grupos de poder económico. América Latina no es la excepción a este proceso y es por ello que se comienza a ver cómo las estructuras "democráticas" se vuelven rígidas, intolerantes, represivas y girando en torno al resguardo del sistema económico imperante, dejando de lado y pisoteando DDHH básicos y muchas veces establecidos en la constitución políticas de los países.
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